1/19/2007

ATENCIÓN PUEBLO PPD !!!
¿VAMOS AL TEATRO?
OBRA EN HOMENAJE
A SEBASTIÁN ACEVEDO Y EDUARDO MIÑO...


Obra Eróstrato
Autor Carlos Bórquez / Basado en textos de Sartre, Pessoa y Pasolini, más testimonios póstumos de Sebastián Acevedo y Eduardo Miño
Dirección Carlos Bórquez
Elenco Alfredo Castro, Ricardo Fernández y Roxana Naranjo
Duración 80 minutos
Lugar Lastarria 90
Fecha 19 al 28 de enero
Hora 21.00 horas.

Reseña
Una prostituta (Roxana Naranjo) llega al departamento de un hombre (Ricardo Fernández) que ha llamado por teléfono solicitando sus servicios. Sólo desea verla pasearse desnuda. La mujer acepta quedarse y realiza su fantasía. Él le confiesa que odia profundamente a los hombres, que bajará a la calle con su revólver cargado de seis balas y matará a los cinco primeros transeúntes que se le crucen. La sexta bala será para él. Esa misma noche también, otro hombre (Alfredo Castro), enfermo, cesante, endeudado y desamparado decide ponerle fin a su vida quemándose a lo bonzo en acto de protesta en demanda de justicia.

COMO APORTE:
-Crónica de Manuel Guerrero
-Carta de despedida de Eduardo Miño


El llamado de Sebastián Acevedo

Por Manuel Guerrero Antequera

Hace veintidós años, el 11 de noviembre de 1983, Sebastián Acevedo hizo
un llamado a la policía política de Chile, la Central Nacional de
Información, para que le devolviese a sus hijos que habían sido
detenidos y estaban siendo torturados. La CNI no atendió este llamado y
Sebastián Acevedo, en un acto que aún hoy nos remece, se inmoló en las
puertas de la Catedral de Concepción, como gesto de denuncia de la
tortura ejercida de manera sistemática en el país y sus propios hijos.
Han transcurrido un par de décadas, pero aquello que ocurrió, la tortura
y la inmolación de un luchador por los derechos humanos, aún no han
terminado de pasar. Y el llamado de Sebastián Acevedo actualiza la
pregunta: ¿Cómo es que una parte importante de la sociedad chilena
permitió que se practicara la tortura en forma institucionalizada?
¿Hemos finalmente dejado atrás las condiciones de posibilidad que
hicieron verosímil la tortura en Chile? Lamentablemente la respuesta es
negativa.

Uno de los aspectos más complejos de comprender en el fenómeno de la
tortura es el proceso de \"subvaloración\" y \"sobrevalorización\" de las
víctimas. Se trata de una inversión a partir de la cual el ser humano
que se encuentra indefenso, degradado e impotente ante las
circunstancias que lo han fijado en calidad de víctima inerme frente al
torturador, se convierte, a partir de un fondo ideológico masificado, en
\"agente de poderosas fuerzas extrañas\" o herramienta y parte de
\"conspiraciones internacionales\". Un enemigo interno, una enfermedad, un
\"cáncer que hay que extirpar de raíz\". De este modo, el ser humano
objeto de la tortura ha sido, en un mismo movimiento, degradado como
inferior al torturador a la vez que se le eleva a una condición de
peligro potencial para la sociedad toda que no corresponden con la
realidad. Fondos ideológicos, como la Doctrina de Seguridad Nacional,
las Guerras Preventivas, o los mensajes actuales de \"Seguridad
Ciudadana\"-, permiten la emergencia de torturadores que al ejercer la
violencia sienten que cumplen con un deber cuasi sagrado de luchar
contra amenazas de proporciones magníficas.

Esta inversión de roles ubica las acciones de violencia de la tortura en
un nivel \"defensivo\" y no \"ofensivo\": es el torturador el que se
\"defiende\" torturando, pues defiende a toda la sociedad contra las
actuaciones de \"fuerzas poderosas\" que la ponen en peligro. Así, el
torturador actúa por un bien: \"defender\" a la sociedad. Para que esta
inversión de roles sea posible, se hace creer a parte de la población -y
aquí la responsabilidad de los medios de comunicación de masas-, que
aquél que es castigado con la tortura, es castigado porque \"algo habrá
hecho\" o \"algo está por hacer\". De este modo, el propio torturado es el
responsable de la existencia de la tortura que se le aplica.

La tortura es una demostración de poder que refleja en su dialéctica
conflictos sociales. La tortura es el nivel represivo más agudo del
enfrentamiento de fuerzas sociales a través de sus representantes. Junto
con el castigo y la obtención de información, la finalidad de la tortura
es destruir y quebrantar a un sujeto como medio ejemplificador de modo
de aterrar a la población y particularmente a quienes se atreven a
perderle el miedo a la tortura y se rebelan contra lo que consideran
injusto o simplemente se niegan a integrarse a tal orden.

La víctima de la tortura no es un igual, sino el \"culpable\" de todo lo
negativo y adverso, volviéndose la violencia ejercida en servicio social
éticamente irreprochable. Por ello no hay conflicto moral en el
victimario, pues el Otro no es considerado un semejante, un prójimo, un
ser humano: es un \"humanoide\". El torturador no es, sin embargo, un
individuo solitario que da rienda suelta en forma particular a su
castigo a los \"antisociales\". Este recibe órdenes, \"la decisión de
torturar viene de más arriba\". Pero la violencia excede también al que
da la orden, no es una cuestión de individuos aislados. Tanto el que
manda como el mandado son parte de una organización jerárquicamente
estructurada, con pocos arriba y muchos abajo, piramidal. Y en dichos
diseños organizacionales, propios de los ejércitos, los valores
adoctrinados de lealtad total, respeto absoluto a la autoridad,
fidelidad acrítica y disponibilidad absoluta, hacen que el individuo
pueda ceder su responsabilidad de decidir. Con este \"obedece porque
debes\", característico de este tipo de organizaciones, se tiene por
efecto la cómoda y cínica disolución de la responsabilidad individual.
La palabra oficial es ley a obedecer, la que escapa y rehuye toda
discusión.

Desde aquí, entonces, la bomba de racimo que implica la sumatoria de
grupo, institución e ideología. Se da un juego dialéctico \"infernal\":
sumisión, disponibilidad para la institución, obediencia a la autoridad,
lealtad a la jerarquía, hostilidad frente a la diferencia, desaparición
de la responsabilidad individual en el obedecer ciego a normas que se
consideran de validez universal. Si a esto agregamos el \"fondo
ideológico\" que prepara la victimización del Otro, tenemos un entramado
que posibilita que seres humanos normales puedan cometer actos como los
de tortura, sin sentirse siquiera responsables de sus acciones.

Estamos en deuda con Sebastián Acevedo y sus hijos, pues nuestro país no
ha resuelto lo más importante: ¿Cómo evitar que hechos como la tortura
no vuelvan a ocurrir en nuestro país?. Pues si ayer tal práctica se hizo
conocida al golpear a quienes representaban la posibilidad de cambiar el
orden establecido a favor de intereses populares, ¿podemos asegurar que
hoy no se aplica tal violencia a los tildados de \"antisociales\", jóvenes
y niños de origen socioeconómico precario, muchos de los cuales viven en
las calles? ¿Qué sucede en las cárceles hacinadas de Chile? ¿La
violencia intrafamiliar, el femicidio, el acoso sexual en el trabajo, no
son otra forma de experiencia de la tortura? ¿Cómo es estigmatizada
desde ciertos medios de comunicación una parte importante de la sociedad
chilena y de nuestros hermanos de países vecinos? ¿No allana ello a la
emergencia de la práctica de la tortura? Hoy ya no es suficiente con
hacer patente la denuncia contra la tortura, pues ella por sí misma no
basta para asegurar un \"nunca más\". Como sociedad debemos ser capaces de
avanzar a que se haga justicia y se castigue a los culpables de estos
horrores como señal social de que éste tipo de hechos no pueden volver a
ocurrir. Al mismo tiempo, debemos hacer un esfuerzo mayor por cambiar
las condiciones de posibilidad que volvieron verosímil la práctica
institucionalizada de la tortura, para que más allá de lo que se pueda
conseguir en el ámbito de los Tribunales de Justicia, la desalojemos
para siempre de nuestro modo de vivir la sociedad. Sebastián Acevedo, lo
que te ocurrió no nos ha dejado de pasar.


Manuel Guerrero Antequera
Sociólogo


CARTA DE EDUARDO MIÑO:

A la opinión pública:

"Mi nombre es Eduardo Miño Pérez, carné de identidad 6.449.449-K de Santiago. Militante del Partido Comunista. Soy miembro de la Asociación Chilena de Víctimas del Asbesto. Esta agrupación reúne a más de quinientas personas que están enfermas y muriéndose de asbestosis, participan las viudas de los obreros de la industria Pizarreño, las esposas y los hijos que también están enfermos, solamente por vivir en la población aledaña a la industria.

"Ya han muerto más de 300 personas de mesotelioma pleural, que es el cáncer producido por aspirar asbesto. Hago esta suprema protesta denunciando:

"1.- A la industria Pizarreño y su holding internacional, por no haber protegido a sus trabajadores y sus familias del veneno del asbesto.

"2.- A la Mutual de Seguridad por maltratar a los trabajadores, enfermos y engañarlos en contra de su salud.

"3.- A los médicos de la Mutual por ponerse de parte de la empresa Pizarreño y mentirle a los trabajadores no declarándoles su enfermedad.

"4.- A los organismos de Gobierno por no ejercer su responsabilidad fiscalizadora y no ayudar a las víctimas.

"Esta forma de protesta, última y terrible, la hago en plena condición física y mental como una forma de dejar en la conciencia de los culpables el peso de sus culpas criminales.

"Esta inmolación digna y consecuente la hago extensiva también contra: Los grandes empresarios que son culpables del drama de la cesantía, que se traduce en impotencia, hambre y desesperación para miles de chilenos. Contra la guerra imperialista que masacra a miles de civiles pobres e inocentes para incrementar las ganancias de la industria armamentista y crear la dictadura global. Contra la globalización imperialista hegemonizada por Estados Unidos. Contra el ataque prepotente, artero y cobarde contra la sede del Partido Comunista (PC) de Chile.

"Mi alma que desborda humanidad ya no soporta tanta injusticia".

Eduardo Miño.


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